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Por qué un Cuadro de Mando Integral ayuda a gestionar mejor cualquier empresa

Disponer de una herramienta que, de manera ágil pero, también, eficaz permita en cualquier momento evaluar la gestión que se está llevando a cabo sobre una compañía es fundamental, más si cabe en una coyuntura como la actual, en la que existen no pocas dosis de incertidumbre en relación a lo que deparará el futuro para la economía y los negocios. Durante la década de los noventa, los profesores de Harvard, Robert Kaplan y David Norton, desarrollaron el Balanced Scorecard (Cuadro de Mando Integral, en español), cuyo principal objetivo es el de medir y analizar la actividad de una entidad, aportando una completa perspectiva en relación a su estrategia y a los objetivos a largo plazo que se ha marcado, todo ello en base a los resultados que ha logrado y que se estima que está en posición de conseguir.

De este modo, las personas encargadas de tomar las decisiones más relevantes dentro de una organización pueden disponer de una visión empresarial holística, de manera que les facilita poder prever cómo deberá comportarse la firma ante las potenciales vicisitudes que tendrá el mercado en el medio y en el largo plazo. En realidad, el Cuadro de Mando Integral (CMI) apuesta por la gestión de indicadores de control, que aportan una valiosa información periódica de reporte en relación a si las metas estratégicas que se han fijado se están cumpliendo o no, y, de acuerdo con sus conclusiones, poder implementar los cambios necesarios para corregir el rumbo de la compañía y optar a ellas con mayores posibilidades de éxito.

Luz y claridad

Hoy es más difícil que nunca tomar decisiones empresariales estratégicas. La disrupción que están provocando las nuevas tecnologías, el auge de la sostenibilidad y de las nuevas megatendencias económicas globales, los cambios en las preferencias de los consumidores, o la llegada de nuevas compañías fintech que intentan revolucionar diferentes industrias, sitúa a los emprendedores ante la difícil tesitura de tener que implementar cambios en  su planificación sin disponer, en la mayoría de las ocasiones, de la certeza de estar tomando el camino correcto.

El CMI, en este sentido, se trata de una herramienta de inteligencia empresarial para facilitar estas decisiones, de modo que, en caso de necesitarse, se pueda enderezar el rumbo de una organización. Es decir, que combinando sus conclusiones con otros análisis más macroeconómicos sobre un sector económico o en relación a determinados acontecimiento externos que pueden tener una influencia directa, se promueve y se impulsa la toma de decisiones estratégicas.

En este sentido, un CMI se basa en 4 puntos fundamentales que se combinan entre sí de acuerdo a las características intrínsecas y a las necesidades de cada compañía:

  • El aprendizaje y el crecimiento, bajo el prisma de la tecnología y de las personas son los dos elementos básicos para que una entidad pueda crecer y desarrollarse. Aspectos como la comunicación entre el equipo humano, la transparencia, la facilidad para la planificación de planes de carrera o la compatibilidad entre formación y desempeño laboral son sus hitos clave.
  • Los procesos internos, que marcan no solo la productividad de cada departamento, sino el modo en que se estructura la relación entre todas las áreas de una empresa. Indicadores de calidad, de apuesta por la innovación o relacionados con la productividad son sus prismas esenciales.
  • La valoración de la entidad que realizan los clientes, tanto en cuanto a los productos y servicios que se ofrecen en el mercado como, si lo hubiera, por la efectividad en la atención personalizada y en el servicio post-venta. Todo ello configura el valor real de la marca y las percepciones, positivas y negativas, que tiene el público, real y potencial, sobre ella.
  • La perspectiva financiera, que mide y evalúa si las inversiones económicas realizadas están ofreciendo los beneficios adecuados, permitiendo transmitir a algunos stakeholders clave (como, por ejemplo, los accionistas y los inversores) si resulta una oportunidad adecuada, desde una perspectiva de rentabilidad, apostar por la compañía.

Ordenar de manera jerárquica estas prioridades ayudará a concretar los indicadores que se deben incluir en la medición, adaptando el CMI a los objetivos estratégicos reales de la entidad.

Por qué apostar por un CMI

  • Favorece unas mayores probabilidades de alcanzar el éxito en modelos de negocio escalables, que resultan de vital importancia, sobre todo, en las primeras etapas de desarrollo de una pyme.
  • Posibilita incrementar la rentabilidad económica y financiera de una compañía, ordenando las vías de obtención de ingresos.
  • Reduce la incertidumbre en las situaciones de crisis o que entrañan un riesgo mayor.
  • Aporta una visión global y desde múltiples puntos de vista sobre la realidad de una organización, a través de indicadores que ofrecen una imagen real y que favorece la posterior toma de decisiones.