Teletrabajo: ¿una opción de futuro?

La actual crisis provocada por la expansión del coronavirus y el llamamiento de las autoridades a las empresas y administraciones a promover el teletrabajo ha vuelto a poner sobre la mesa el debate sobre esta modalidad de trabajo no presencial. La cuestión, la misma de siempre: ¿por qué es necesario acudir a una oficina para desarrollar un trabajo que puede realizarse desde casa –o cualquier otro lugar- con tan solo un equipo informático y una conexión a Internet?

Pero, ¿cuáles son los motivos de la poca implantación de este sistema? ¿Y las ventajas e inconvenientes?

Las ventajas para la empresa de implantar un sistema de teletrabajo pueden ser muchas. Las más destacadas:

  • Supone una reducción de costes de la empresa en materia de infraestructuras (alquiler de oficinas, mobiliario, alarmas, telefonía, etc.) y de energía (electricidad, agua, climatización, etc.), además de eliminar las necesidades de algunas empresas –las de mayor tamaño- de contar con una cafetería o servicio de alimentación para sus plantillas.
  • Reduce los accidentes en el trabajo y el absentismo laboral, ya que, como es lógico, si el empleado no se desplaza, las opciones de sufrir un accidente in itinere o durante su jornada en la oficina desaparecen. Asimismo, el teletrabajo permite reducir hasta un 31% el absentismo de los trabajadores de oficina. El hecho de evitar el trafico, de pasar más tiempo con la familia, y la propia responsabilidad de responder a la confianza de la empresa son opciones que lo reducen.
  • El teletrabajo fomenta, por tanto, la conciliación entre la vida laboral y la personal, y este hecho permite mejorar la motivación de los trabajadores. Y, a mayor motivación, mayor productividad. Un trabajador satisfecho con su ocupación y con la empresa que le ofrece posibilidades para mejorar su vida personal suele rendir más.
  • El teletrabajo, cuando cuenta con resultados favorables y empleados motivados, también se convierte en un elemento de reputación externa de la empresa frente a la competencia, por tanto, un factor de atracción para el mejor talento.
  • Teletrabajar también supone una reducción de costes para el empleado; especialmente los referidos al transporte entre el hogar y la oficina y alimentación durante la jornada de trabajo. El trabajador tendrá así la sensación de que la retribución de la empresa le rinde más.

Sin embargo, pese a estas ventajas, el teletrabajo también cuenta con inconvenientes que han ralentizado su extensión en el ámbito empresarial:

  • La principal desventaja –en ocasiones más como fruto del arrastre de una mentalidad empresarial más tradicional y presentista- es la falta de control físico sobre el empleado y su trabajo. Desconocer cuándo comienza y termina realmente su jornada o en qué labores está actualmente trabajando. No obstante, en la actualidad existen numerosas herramientas en línea para una coordinación óptima entre jefes y empleados. Solo existirá una confianza mutua cuando se establezcan estándares de rendimiento claros, modelos de comunicación y procedimientos muy bien definidos, y un sistema de desarrollo profesional en la empresa adaptado a esta nueva realidad.
  • En otras ocasiones el impedimento para algunas empresas es, precisamente, el coste que supone la tecnología y formación necesarias para llevar a cabo esa coordinación online con el empleado. Desde el empresario más tradicional que tenga que cambiar sus hábitos y adquirir habilidades digitales básicas; hasta empresas que necesiten una mayor inversión para gestionar plantillas de mayor tamaño que teletrabajen.
  • La falta de contacto personal también es un inconveniente en la construcción de una cultura empresarial y unos valores de compañía compartidos. A diferencia de una oficina, donde empleados de diferentes departamentos se ven a diario y comparten unas instalaciones comunes, el teletrabajo puede llevar a la soledad y a la inexistencia de vínculos con compañeros, especialmente en el proceso de integración de un teletrabajador en la empresa (donde habitualmente se aprende por imitación de compañeros y superiores). Las consecuencias de esta soledad pueden ir desde una menor visibilidad de la labor profesional del teletrabajador por parte del equipo de la oficina, hasta un inexistente sentimiento de pertenencia que, en última instancia, puede suponer una fuga de talento. Además, por supuesto, de las dificultades para el intercambio diario de ideas y la cohesión del grupo.

Fuente original: www.asesoresdepymes.com