Exportación a través de la web

Misiones comerciales, eventos sectoriales en el extranjero, visitas a un posible distribuidor… Muchas veces, estos primeros contactos se ven frustrados porque los posibles socios o clientes no encuentran luego su empresa buscando en Google. No lo dude, Internet se ha convertido en un aliado de las empresas -y en el mayor de los casos en una necesidad- para exportar. Es el mayor escaparate de nuestros productos, aunque el posible cliente esté a miles de kilómetros.

Los beneficios son enormes: la web puede hacer que aumente sus contactos, puede ayudarle a potenciar su empresa, sus productos y sus marcas a nivel internacional, le permite entrar en nuevos mercados, aumentar la comunicación y la notoriedad… ¿Quién iba a decir que iba a haber más de 4.000 millones de internautas en todo el mundo? ¿Y más de 320 millones de usuarios de Twitter y 2.270 millones de Facebook? Los últimos años lo han dejado claro: ¡aproveche la red y abra una ventana al mundo!

Planifique su estrategia

Antes de empezar a utilizar su web como tu plataforma de venta internacional, párase a pensar: ¿en qué mercados le interesa entrar y qué particularidades tienen? Observe si le servirá sólo con el inglés y tenga en cuenta las diferencias culturales, ya que las percepciones de su comunicación y de sus productos pueden ser diferentes. Y, como para cualquier otro proyecto, analice el presupuesto con el que puede contar, los recursos humanos, los clientes potenciales, qué hace la competencia, los riesgos… Piense a medio plazo y desarrolle un plan realista y sostenible. Si el presupuesto es pequeño, trace pequeños objetivos. Y tenga en cuenta que no hay mejor arma en Internet que la constancia.

Desarrolle su web

Una vez que tenga sobre el papel el proyecto, con los recursos y los objetivos, ya puede comenzar a estructurar su página web. Asegúrase en diseñar una solución que no le impida ampliaciones futuras, que permita las funcionalidades que le interesan y que sea fácil de utilizar. Comunique bien a su proveedor cuáles son sus objetivos, hágalo partícipe de sus ideas, explique bien sus productos, organización, tipo de cliente que tiene. El proveedor no tiene por qué ser experto en su sector. Desarrolle un análisis funcional completo y exhaustivo de cómo va a ser su página web. Sin este paso, muchas interpretaciones no se ajustan a lo que uno querría y luego es necesario invertir muchas horas para corregirlo durante el desarrollo.

Concreta sus mercados objetivos y adquiera los dominios por países (ej. .pe, .cn, .br). Los buscadores posicionarán mejor su web y los usuarios lo valoran. Estudie con detalle los contenidos que se van a desarrollar para  cada mercado, los productos, etc. Está claro que el inglés es el idioma internacional, pero el uso de los idiomas propios de los mercados también es algo muy valorado. Un consejo: tenga cuidado con las traducciones. Un fallo en la traducción puede hacer caer su prestigio y su credibilidad.

Antes de lanzarse, pruebe que nada falle

Este es un paso que muchos emprendedores se saltan. Se intenta evitar su coste, pero eso es un error que puede llegar a pagarse caro. Antes de lanzar la web, es fundamental hacer pruebas a fondo para comprobar su: usabilidad, comunicación, estructura, accesibilidad, traducciones, velocidad de carga… Evite errores que dan muy mala imagen. Y compruebe que su web se visualiza perfectamente en todos los navegadores y dispositivos.

De a conocer su web

Y no piense que con lanzar la web los clientes aparecerán. Hay miles de páginas que nadie sabe que existen y a las que es muy difícil acceder. El refrán ‘como aguja en un pajar’ se podría traducir ahora ‘como una web en Internet’. Es necesario desarrollar un plan de márketing para conseguir darla a conocer. Para ello, posicione la web en los principales buscadores y directorios, optimízala usando buenos títulos y descripciones de contenidos para cada idioma y utiliza las nuevas herramientas de difusión y comunicación: redes sociales, vídeos, foros, blogs… También puede complementar el plan de márketing con campañas de publicidad online y acciones offline, como incluir la web en los embalajes de los productos, en las firmas, en las tarjetas de visita…

No se olvide del mantenimiento. No hay nada peor que una web sin vida.

No hay nada peor que una web sin vida. Por tanto, es muy importante insertar nuevos contenidos, mantenerla actualizada y comunicar todas las novedades a los posibles clientes. Una buena guía para saber qué se puede hacer son las estadísticas de visitas. Hay que extraer conclusiones y modificar la página web para alcanzar los objetivos. Eso sí: no se buscan sólo visitas a la web, sino contactos y clientes. Para ello, potencie la comunicación con los clientes internacionales: encuestas, opinión, foros… Y no se olvide: contraste continuamente su posicionamiento en buscadores y busque siempre ocupar las primeras posiciones. Internet se mueve y la página se puede quedar en cualquier momento atrás. Rediséñala, al menos, cada dos años.

Fuente original: www.asesoresdepymes.com

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