Cinco pasos básicos para mejorar la gestión de su negocio

Comienza el nuevo año y por tanto la época de que las buenas intenciones, ya sean personales o laborales, se cuelen entre nuestros objetivos. Esta tendencia es mucho más acentuada cuando se trata de un empresario preocupado por el buen funcionamiento de su empresa.

En realidad, el año nuevo es una excusa tan buena como cualquier otra para aplicar nuevas formas de gestión que ayuden a mejorar el rendimiento del negocio y conseguir mejores resultados económicos. No faltan quienes piensan que para conseguirlo se necesitan costosas inversiones (y que no es el momento adecuado), pero la realidad es que a veces esa mejora es posible con una adecuada aplicación de las actividades más básicas de la gestión.

1.- Para empezar hay que vigilar el proceso de toma de decisiones. Está claro que cualquier empresario se pasa el día tomando decisiones sobre su negocio, pero eso no siempre significa que lo esté haciendo de la forma adecuada. En este sentido, se recomienda no dejarse llevar por el cortoplacismo o la urgencia y ser capaz de enmarcar cualquier acción, por urgente que sea, en el lugar que le corresponde dentro de un meditado plan estratégico diseñado a largo plazo. El resultado de encajar todo en su contexto se dejará sentir en el funcionamiento de la empresa y, por supuesto, en la cuenta de resultados y con un poco de práctica apenas llevará unos minutos más que las decisiones tomadas a la ligera. Esta forma de comportamiento es mucho más importante si además el objetivo del negocio es incrementar las exportaciones. Esfuerzos en la dirección inadecuada pueden ser mucho más dañinos incluso que no hacer nada.

 

2.- Concentrarse en lo importante. Parece obvio, pero esta máxima es olvidada en demasiadas ocasiones por los gestores de las empresas.  Gestionar una empresa no consiste en ir saltando las vallas que uno se encuentra en la pista, sino en diseñar la estrategia de la carrera. Es decir, saber definir la ruta que se quiere recorrer, en la que habrá vallas que saltar, por supuesto, pero éstas estarán marcadas en función de las demandas de los clientes y la capacidad de nuestra plantilla de trabajadores para poder abordarlas. En demasiadas ocasiones se ofrecen servicios o productos que no responden a un estudio previo de qué quiere el cliente o qué es lo que estamos en condiciones de ofrecer con la máxima calidad posible. Actuar de esa forma sólo puede llevar a la empresa al cierre. Definir los productos y servicios que se ofrecen, escudriñar hasta la extenuación las demandas de los clientes, sobre todo cuando se trabaja con mercados exteriores y las costumbres no siempre son las mismas que las del mercado original, pero sobre todo, cuidar a la plantilla que tiene que producir esos bienes o servicios son tres bases fundamentales del éxito de una empresa.

 

3.- Por ello, una adecuada gestión de personal se hace imprescindible, pocas cosas hay más beneficiosas para una empresa que tener una plantilla motivada y que colaborare con los objetivos del negocio. El salario y las cargas sociales del personal de una empresa pueden llegar a representar entre el 15% y el 40% de las ventas, por eso implantar programas de evaluación del rendimiento y motivación puede ser vital para la supervivencia de la misma. Mucho más si estamos hablando de los equipos desplazados a un país diferente al suyo en el que ellos tienen que llevar el peso de la dirección empresarial lejos de la central de mando.

 

4.- Objetivo: máxima calidad. Ya sea en el mercado de origen o en cualquier mercado externo el objetivo de la empresa no puede ser otro que dar la máxima calidad en sus productos y servicios. Para el buen funcionamiento del negocio, el aprobado (o “sacar el trabajo como sea”) no es una opción, porque si no se exige el máximo tanto a la dirección como a los empleados siempre habrá alguien que falle y no se consiga ni el objetivo mínimo. Y para una empresa exportadora fallar o no dar la talla en un nuevo mercado en un mundo tan competitivo como el actual puede significar perderlo para siempre: las segundas oportunidades a veces no llegan.

 

5. Control de todo el proceso. Desde la idea original hasta la verificación de la satisfacción del cliente no se puede permitir que ningún proceso quede bajo la responsabilidad de alguien externo a la dirección de la empresa. Sólo teniendo los objetivos, la ejecución, la cadena de suministros y entrega bajo control en cada momento es posible evitar derroches de presupuestos innecesarios o mermas de calidad que pueden costar muchos disgustos a la cuenta de resultados.

 

Fuente original: www.asesoresdepymes.com

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